10 febrero, 2009

Mucho cuento

-Y ya que no te gusta ir a la escuela, ¿por qué no aprendes al menos un oficio que te sirva para ganar honradamente un pedazo de pan?

-¿Quieres que te lo diga?-contestó Pinocho, que empezaba ya a perder la paciencia-. Entre todos los oficios del mundo no hay más que uno que me guste.

-¿Y qué oficio es ese?

-El de comer, beber, dormir, divertirme y hacer desde la mañana a la noche vida de paseante en corte.

-Te advierto- replicó el grillo-parlante con su acostumbrada calma- que todos los que siguen ese oficio acaban casi siempre en el hospital o en la cárcel.

-¡Mira, grillucho de mal agüero, si se me acaba la paciencia, pobre de ti!

-¡Pinocho! ¡Pinocho! ¡Me das verdadera lástima!

-¿Por qué te doy lástima?

-Porque eres un muñeco, y, lo que es peor aún, porque tienes la cabeza de madera.

Al oír estas palabras saltó del suelo Pinocho muy enfurecido, y cogiendo un mazo de madera que había sobre el banco, se lo tiró al grillo-parlante.

Quizás no creía que iba a darle; pero, por desgracia, le dio en la misma cabeza, y el pobre grillo apenas si pudo decir cri, cri quedó aplastado en la pared.



La factoría Disney ha hecho mucho mal en mi cabeza. Evidentemente ahora estoy curada de espanto pero cuando era pequeña poco había donde elegir así que tenía todas las películas de Disney. Y cuando digo todas me refiero a TODAS. Y me sabía todas las canciones y cuando digo todas me refiero a TODAS. Bueno, la verdad es que aún me las sé, pero ya casi nunca las canto. Exceptuando Pinocho, que cada vez que veo la oportunidad de interpretar alguno de sus temas lo hago sin cortarme... Pinocho no era de mis películas preferidas, de hecho creo recordar que me parecía la más angustiosa. Lo pasaba mal cuando su amigo y él se convertían en asno. Todo un drama. Quizás le tengo especial cariño a esta película porque sin yo pedirlo, me regalaron el libro original. El que escribió Carlo Collodi a partir de 1881. El libro me lo habré leído como unas mil y pico veces y es muy diferente de la película. Pinocho es maltratado constantemente, le explotan, le roban, le cuelgan de un árbol, le detienen... Él miente constantemente, se deja engañar, incluso se carga al grillo... Otra de las cosas que me atraían del libro eran las ilustraciones de Roberto Inoccenti. Todo un lujo de ilustrador. Voy detrás de mi hermano pequeño para que se lo lea pero la verdad es que no es muy apasionado de la lectura...


Y la verdad es que no sé a que viene todo esto. Creo que hoy como está nublado me ha entrado la nostalgia tonta y las ganas de hojearlo de nuevo, aunque no lo tengo aquí... Muchas de las películas Disney están basadas en grandes novelas y me da un poco de rabia que conviertan en puritano todo lo que tocan. Porque al fin y al cabo uno de los principales errores es pensar que el público es tonto y muchas veces lo tratan como tal. Y sí vale, es muy bonito pensar que todas seremos princesas y nos pasaremos la vida comiendo perdices de lo felices que somos. Pero luego resulta que la realidad es otra y como la Bella Durmiente no espabile y se compre un despertador me parece que se va a pasar toda su vida en coma... Y es que cuanto más alto estás, más larga es la caída...

4 comentarios:

Superfucker dijo...

Cuando era niño mi madre, al salir de la escuela, nos llevaba a mi hermano pequeño y a mí al desaparecido cine Atlántico de Barcelona y allí nos chupábamos todas las semanas alguna peli de Disney...ahora apenas puedo verlas por que me evocan sentimientos de melancolía de los que me esfuerzo por huir, que la nostalgia emponzoña. También me esfuerzo por separar algunos temas cuando juzgo el legado de Walt Disney. Es cierto que, como feroz anticomunista que era, llegó a denunciar a muchos compañeros del gremio durante la histeria McCarthiana, y que fagocitaba a todos los artistas que trabajaban para él, como hizo con Ub Iwerks, que creó a un conejo llamado Oswald the Lucky Rabbit. Cuando ambos entraron en conflicto por un asunto de derechos de autor, Disney le redondeó las orejas y le cambió su nombre por el de Mickey Mouse, pasando por suya una creación que en realidad había plagiado. Y algo parecido ocurrió con Donald (mi favorito...),el cual en realidad salió de la pluma de Carl Barks. Pero también es cierto que fue un artista y empresario visionario y arriesgado hasta la locura, que encarnó como pocos la imagen del sueño americano, y que revolucionó la técnica de la animación y sus recursos expresivos hasta condicionar para siempre lo que se hiciera desde entonces en este campo.
Tampoco puede negarse que sus películas esconden una moralina conservadora que vista ahora sólo puede parecer retrógada y reaccionaria, pero al mismo tiempo ha de reconocerse que en sus películas había muchísimos momentos angustiosos,incluso terroríficos, de sufrimiento de los protagonistas que ejercían una fuerte violencia emocional sobre el pequeño espectador.
No nos engañemos, la culpa de que nos despertemos a los veinticinco o treinta años para descubrir que nunca seremos los héroes estéticos que anhelábamos en nuestras ensoñaciones de adolescentes ofuscados por nuestras rugientes hormonas no es de Disney...Disney es un síntoma, no la causa.
La causa es nuestra educación en este sistema que empezó a forjarse desde la primera revolución industrial...alguien nos ha dicho que hemos venido a este mundo para ser felices, que la felicidad es el fin último de nuestra existencia. Y es que si nos esforzamos por vivir para nuestra felicidad somos más rentables para el sistema...por que mientras no sepamos cuáles son nuestras necesidades profundas nos dedicaremos a comprar cositas en las que proyectarnos, y cuando nos cansemos de estas cositas compraremos más cositas a través de las cuales tratar de explicarnos a nosotros mismos.
Si hace doscientos años les hubiéramos dicho a papá que no somos felices, éste nos respondería: "¿Y quién cojones te crees tú que eres para desear ser feliz? a este mundo se viene a currar y a sufrir como todos, nene, la felicidad ya te vendrá en la otra vida". Es probable que nuestros ancestros no fueran tan creativos como nosotros, que nos esforzamos todos en ser artistas, o especiales, o lo que sea con tal de diferenciarnos de la masa...que de tan trascendentales somos más vulgares que la sopa de ajo. pero no me cabe duda de que tambiém eran mucho más duros...

Albert {in itinere} dijo...

Menuda lección sobre Disney. La verdad es que no se nada sobre el, ni de pequeño me gustaba. Lo poco que he visto lo he visto de mayor y de rebote (me enorgullecí de mis gustos de niño).

En cuanto a la última parte de tu comentario (Superfucker) estoy en desacuerdo en gran parte.

Superfucker dijo...

Celebro que estés en desacuerdo, de veras...que a mi no me gusta opinar lo que opino.
Se nota que te mola el cine, y es que pareces buscar el suspense...¿puedo preguntar qué veías de niño? ¿Y por qué no estás de acuerdo?

Mirko dijo...

Lolitilla, una cosa son los libros y otra son las películas. Yo creo que es bonito que de niños nos ayuden a soñar, a fantasear, a imaginar que todas las historias tienen su final feliz. Luego llegará la pérdida de la inocencia, es cierto, pero ya que nos pasaremos el resto de nuestra vida añorando nuestra infancia, que al menos esta sea bonita.
Me encantan muchas pelis de Disney, y las de Pixar tienen la virtud de enamorar a adultos y a niños por igual, y que quieres que te diga, me encanta sentirme como un niño ;-)
Un besote desde las Holandas!